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Linkedin, esa red enferma

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¿Conoces el número de Dumbar? Según la teoría de este antropólogo de la Universidad de Londres, debido a la constitución de nuestro cerebro, el número de personas con las que puedes mantener relaciones estables se limita a 150. A esto se denomina la Regla de 150.

Linkedin es una red profesional con gran potencial, si se emplea “para hacer el bien”, como los cuchillos. Pero está enferma, muy enferma. La enfermedad es una “burbuja” de las de toda la vida provocada por usuarios ignorantes en gestión de redes. Algo que está provocando el fenómeno de Linkedout. Con razón. Se ha llenado de spammers sociales.

Lo que comenzó siendo un sistema de enlaces entre “innovadores” y personas con afinidades se está convirtiendo en una selva llena de “cazadores de contactos” que funcionan bajo el síndrome de Pokemon (”Tienes que tenerlos a todos”). Y comienzan las quejas y las bajas, todo por confundir la verdadera utilidad de Linkedin.

De verdad. Si no tienes mentalidad de red, quédate fuera.

Personalmente, he podido usar Linkedin “para hacer el bien”. Todo el mundo sabe que, en las multinacionales, es raro que funcionen los sistemas de localización de expertos o comunidades de intereses afines. A mí me pasó: hablar de “User Experience, web, internet” en una empresa de Tecnología era una constante justificación por ser “raro”. Y cuando eres raro necesitas alguien con quien identificarte. Y es que todo el mundo piensa y actúa de manera local y esto concretamente, es preocupante en España. Barreras de idioma o culturales nos excluyen de participar en proyectos internacionales y en círculos de innovación.

Puedo decir que a mí Linkedin sí me ha sido útil. He roto ese círculo de fuego, primero buscando en Linkedin personas dentro de mi empresa con mi perfil y luego buscándolos a través de directorios internos. Así, pude localizar dentro de mi anterior compañía otros “tipos raros” como yo. De ahí ha resultado una red muy “maja” que ha dado resultados como proyectos internacionales e intercambio de experiencias que han facilitado la entrada de aire fresco y la renovación del equipo. Con algunos, mantengo sano contacto.

Bien. He cambiado de destino profesional y mi red cambia: el 80% de esos contactos profesionales ya no me son útiles y los otros son una red cautiva en una organización cerrada que recuperará utilidad cuando la red se fragmente con el tiempo y esas personas dejen de estar en la misma compañía (si mantengo el contacto e intereses, claro).

El secreto de una red es su gestión, no su tamaño. La red tiene que tener significado, no ser una mera colección de contactos. Analiza el objeto alrededor del cual gira la conexión y actúa, rompe, refuerza, construye.

Y aquí aparecen mis problemas con dos fuerzas contrapuestas:

Mi interés por sanear mi red: Gestiona tus 150. Selecciona, limpia… Porque para dar de baja a un contacto, y te aseguro que vas a querer hacerlo, Linkedin te obliga a pasar por su servicio de atención al cliente.

Cazadores de pokemon: auténticos trolls, spammers de contactos que se dedican a enviarme peticiones desde todas partes del mundo porque ven el nombre de su misma compañía en mi historial. No saben quien soy, ni tienen ninguna afinidad de intereses. Simplemente, quieren ganar “puntos”.

El resultado, una red ineficiente, indiscreta cuya única utilidad es ver cuántos contactos y “endorses” tienes como sistema de recompensa. Ahí tengo a varios desconocidos que me ofrecen el honor de entrar en su “saco de prestigio” con la etiqueta “500+”, como si yo fuera una presa, un trofeo. ¿Para qué? Ahí os quedáis.

No te enredes. Si estás en Linkedin, no trates de contactar a quién no conoces, y si un desconocido con quien ni tienes afinidad te pide contactar, mándale a la mierda (de manera literal si es un “500+”) y cuida a tus 150 elegidos. Me lo agradecerás.

 

Autor: Luis Villa